La ciencia “son” personas

El conocimiento es poder, y la ciencia es, sin duda, la congregación de un basto conocimiento sobre infinidad de temas de interés general. No obstante, dichos conocimientos no surgieron por arte de magia, tampoco fueron creados y difundidos por entes abstractos e incorpóreos; la ciencia, el conocimiento, es creado por personas humanas, por lo tanto, falseables e imperfectos. Ésto no significa que no debamos confiar en la ciencia, todo lo contrario, al tener parámetros y metodologías muy rigorosas, la ciencia se vuelve lo más cercano a la “verdad” a la que podemos acceder. Ésto significa también, que debemos ser críticos al momento de consultar los estudios e investigaciones que nos interesen, ya que así como hay investigadores que se toman muy enserio su trabajo los hay también aquellos que no tendrán problema en anteponer intereses económicos sobre su reputación como investigadores —si es que la tienen—.

Algunas de las características que definen un buen trabajo de investigación de aquellos que adolecen de protolocos y metodología rigurosa, son que, en primer lugar, la persona investigadora deberá desprenderse de cualquier prejuicio que pudiera tener de cualquier aspecto que abordará en su investigación, evitará hacer juicios de valor antes de iniciar cualquier proceso dentro de la metodología y evitará, en lo posible, que haya cualquier conflicto de interés en su trabajo. Ésto es que, todo aquello que plasme en su trabajo deberá ser debidamente referenciado con estudios científicos que cumplan, a su vez, con la calidad mínima necesaria para ello, así como el hecho de que la metodología empleada así como los resultados, serán lo bastante claros como para no dar paso a dudas o inferencias erróneas. Y del plagio, bueno, es un aspecto que, de primera instancia, resulta en un acto totalmente inaceptable que no debería ocurrir en ningún campo de conocimiento.

Dicho lo anterior ¿qué pasa cuando el interés económico de un sector es tal que financia supuestos estudios científicos y trabajos académicos para apoyar su postura? Lo que pasa en estos casos, es que la ciencia deja de ser ciencia para convertirse en propaganda y/o documentos a modo que, metodológicamente hablando, no cumplen con los mínimos requerimientos de cualquier trabajo de invetigación serio y que, sin embargo, son publicados en reconocidas revistas científicas. Y no son publicados, obviamente, por su calidad sino porque quienes les financian tienen el suficiente dinero como para pagar por su publicación o a quienes, supuestamente, revisaron el material. Y es lo que ha sucedido con el sector autodenominado “taurino”, han coptado conciencias y han canjeado ética por basura pseudo científica.

Así, podemos encontrarnos con supuestos trabajos de doctorado cuya calidad, además de cuestionable, resultan en copias de otros “trabajos” realizados en la misma institución y bajo la dirección de las mismas personas. ¿Raro? Yo lo llamaría, indignante, ya que no solo demuestran que la institución en cuestión tiene inclinación por ciertos temas y apoya a ciertos sectores económicos, sino que además, la producción académica que pudieran tener no cumple con los estándares básicos como es el antiplagio. “Trabajos” doctorales como el de “Influencia en los niveles de serotonina, dopamina y testosterona, en el comportamiento agresivo-combativo en el toro de lidia (Bos taurus L.)”, “Variables neuroendocrinas y su relación con el comportamiento
durante la lidia del toro bravo (Bos taurus, L.)” o “INFLUENCIA DEL ENCIERRO EN LA RESPUESTA FISIOLÓGICA DEL TORO (BOS TAURUS, L.) DURANTE LA LIDIA”, los tres de la facultad de veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid y bajo la dirección de las mismas personas catedráticas (Juan Carlos Illera del Portal y
Gema Silván Granado), son algunos ejemplos de ello. Cambiando uno que otro párrafo, los tres “trabajos” tienen, esencialmente, el mismo texto y llegan a las mismas conclusiones: los toros explotados en las corridas— a los que falazmente declaran, sin fundamento científico alguno, como una raza a la que han denominado “toro de lidia”— tienen características especiales, cuasi genéticas, que los hacen “aptos” para ser torturados y asesinados. Pero van más allá, dicha morfología temperamental, según estos pseudocientíficos, les convierte en “objeto” de conservación. Literalmente, arguyen que, dada la importancia para la tauromaquia y por su relación genética con especies antiguas de la peninsula Ibérica, los toros en cuestión deben seguirse reproduciendo. Sobra decir que, si de verdad quisiesen conservar a dichos grupos de animales no humanos pertenecientes a la especie Bos taurus, entonces lo que deberían de hacer es promover y financiar programas de conservación, y dejarles de reproducir solo para la tortura y el disfrute de un puñado de sociópatas.

Estos “trabajos de doctorado” sin embargo, no serían los únicos con este mismo formato y con el mismo fin; de acuerdo a Roger Lahana en su entrada “« Le taureau ne souffre pas », une fraude scientifique scandaleuse” (“El toro no sufre”, un fraude científico escandaloso), en 2014 fue presentado el trabajo titulado “Les concentrations d’hormones d’opiacés et leur relation à la réponse à la douleur des taureaux de combat“ (“Concentraciones de hormonas opiáceas y su relación con la respuesta al dolor de los toros de pelea”) —adivinaron, por la misma Universidad y los mismos asesores ya referidos—, en el que concluyen que los toros torturados en las corridas no sienten dolor sino placer debido a que, según el autor, el estrés de los toros durante las corridas elevaría su producción de betha-endorfinas haciendo desaparecer, supuestamente, el dolor de estos individuos. Por otro lado, nos comparte, en la misma entrada, la liga al grupo de veterinarios antitauromaquia de España (dejo aquí el enlace: https://avatma.org/2021/09/21/pseudociencia-taurina/), en donde hicieron una entrada, a finales del año pasado, sobre lo que aquí les comparto y dándose a la tarea de refutar las falacias argumentativas de los sádicos que apoyan la tauromaquia, entre otras prácticas en donde se explotan especies animales no humanas. Les invito a leer toda la información y estudios científicos que ahí comparten.

Dado todo lo anterior, y ante tantos fraudes que intentan hacerse pasar por ciencia, resulta necesario repetirlo: no, la ciencia no es infalible, pero existe una abismal diferencia entre estudios de investigación, con claro rigor científico, y propaganda disfrazada de ciencia.


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